"Ese instante en el que la vida se detiene de repente para que yo la capture con mi máquina"

La fotografía es ADMIRAR LO COTIDIANO

La fotografía es PLASMAR HISTORIA

La fotografía es captar el MOMENTO ADECUADO

La fotografía es ARTE, PASION Y SENTIMIENTO

La fotografía es DELICADEZA Y SENSIBILIDAD

La fotografia es PACIENCIA Y ARMONIA

La fotografía es SABER ESPERAR

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Tras mi foto, ¿Por qué?

TRAS MI FOTO es el motivo que me ha llevado a compartir con el mundo algunas de las aficiones que más llenan mi vida y que ocupan gran parte de mi tiempo libre.
La fotografía y la escritura me proporcionan la libertad que necesito. Con ellas expreso mis sentimientos, mis vivencias y mis inquietudes.
TRAS MI FOTO es un baúl, el cual iré compartiendo y llenando, poco a poco, paso a paso y foto a foto.
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miércoles, 29 de diciembre de 2021

 


Hoy ha visitado mi estudio una persona vital en mi vida, MI PADRE.
Un hombre con templanza, serenidad, educación, sabio, discreto y cabal.
Siempre lleva consigo sus llaves recogidas en un viejo llavero de plata con el símbolo de los tres monos sabios representando, el que yo considero, significado de la sabiduría, "VER, OIR y CALLAR".
Desde muy pequeño me inculcó esos tres valores y a día de hoy sólo conozco una persona que los lleve a cabo, EL, MI PADRE. Y por eso lo quiero y admiro tanto.

 




Ayer visitó mi estudio la persona más importante de mi vida, MI MADRE.

Una gran responsabilidad y un reto poder extraer, a través de la cámara de retratar, lo que ella es y lo que representa para mí. Fuerza, ternura, personalidad, honradez, templanza, nervio...

A través de toda la sesión fui recogiendo, poco a poco, cada una de sus virtudes para, al final, obtener la imagen que estaba buscando.

Sencillamente ELLA.

Así es mi madre

miércoles, 8 de diciembre de 2021


Añoranza.


 

“Ahora estoy en la época de mi vida en la que siento que el tiempo pasa mucho más rápido que de costumbre. Tal vez por la dichosa pandemia, por los achaques personales o simplemente por los años que se van acumulando inexorablemente, siento que algunos aspectos fundamentales de mi vida van cambiando”, me dijo aquel hombre.

Tengo la necesidad de poder recordar algunos fragmentos de mi infancia y de mi juventud. Necesito recorrer los lugares por donde solía ir con mis padres o con mis abuelos y dar un poco de luz a esos recuerdos que se manifiestan muy vagos en mi mente.

Camino por el barrio donde viví mis primeros años y ver el edificio donde residía, me emociona tocar sus paredes de piedra y apretar con mis manos la gran puerta de hierro que da entrada al zaguán con sus escaleras de mármol jaspeado blanco y negro.

A veces me cuesta pensar que, tras esa pesada puerta, la misma pesada puerta de siempre, empezaban y terminaban mis historias de cada día.

Recorro el gran jardín con el que iba con mi padre casi todos los días a jugar y arrojar pequeñas piedras, que él pacientemente recogía y me daba, a un gran estanque lleno de peces y con mucha vegetación alrededor y decorado con un friso de piedra culminado con pequeñas figuras de animales.

Acudo al lugar donde comencé mi preparación académica y lo que antes era un centro educativo y tras haber estado durante mucho tiempo cerrado y abandonado a su suerte, ahora es un moderno restaurante que ha machacado de cuajo la historia de aquel lugar.

Transito las estrechas calles del viejo barrio que ya no es lo que era pero que, en mi recuerdo, sigue estando tal y como eran hace casi ochenta años. Me emociona visitar la iglesia y admirar las distintas imágenes escultóricas que allí se encuentran y recordar, como cada año previo a la Semana Santa, veía emocionado todos los tronos de la procesión de mi barrio de siempre.

Me gusta escuchar el toque de campanas que, acompasadamente, avisan de los diversos actos religiosos y que, si no me equivoco, son los mismos de cuando vivía en aquel barrio.

Paseo por los jardines que aun existen y donde jugaba con mis padres y aunque muchos ya no están, recuerdo sus zonas de juego y su arbolado.

Camino por las viejas plazas peatonales que existen aún donde, con algunos compañeros de colegio, íbamos a disfrutar jugando al “pillao”, a las chapas, a la peonza y a otros tantos juegos que había en aquellos tiempos.

Visito el viejo quiosco, lugar de reunión tras las clases del colegio y donde comprábamos algunas golosinas que compartíamos con los compañeros.

Veo que todavía está, en la pequeña placeta frente al colegio, la misma farola donde quedábamos, al salir de clase, para “ajustar cuentas” tras algún altercado dentro del colegio y darnos algunos infantiles puñetazos y empujones para dejar las cuentas saldadas y volver a ser amigos y compañeros nuevamente.

Siento la necesidad de recorrer aquellos lugares y acercarme a ellos para recordar mi pasado, reubicarme y volver a reencontrarme con mis raíces, si es que alguna queda.

Continuaré visitando más lugares por los que, en otros tiempos pasé, y siempre que las “fuerzas” hagan el favor de acompañarme en este camino, me dijo cogiéndome del brazo.

Se levantó y lentamente se marchó de allí.

Hoy todavía creo que lo de aquel hombre es como si de una despedida se tratara o una forma de saldar alguna deuda pendiente consigo mismo.

Sólo el lo sabrá.

Datos EXIF : XT-30 - ISO 200 - F5.6 - 1/125



miércoles, 12 de agosto de 2020

 





Un deseo.


“No sé si volveré otro año, no sé si las fuerzas, la salud o cualquier otra circunstancia me lo impedirán, pero eso será otra cuestión que abordaré más adelante.”, pensaba unos pocos minutos antes de que su reloj le avise del comienzo de un nuevo día. 

Son las seis de mañana y camina hacia la ventana que ilumina la habitación con la luz de un nuevo amanecer. 

Hace una mañana fría y los cristales gotean sutilmente tras la lluvia caída la pasada noche.

La luz del sol despunta con fuerza sobre el horizonte, iluminando la enorme cadena montañosa que está frente a su vista, ante un cielo totalmente despejado de nubes.

Le viene a la memoria la imagen del Pico Rando, el mismo que veía diariamente y con nostalgia el joven Daniel El Mochuelo, antes de ir a la ciudad a progresar.

La desigual silueta da forma a un extraordinario espectáculo natural donde las cumbres parecen competir unas con otras por ser la más elevada, esbelta y majestuosa.

Contempla el cadencioso cambio de luces y sombras asomado ahora a un pequeño balcón de la habitación mientras la ciudad, poco a poco, parece ir desperezándose de la pasada noche.

Apoyado sobre la forja húmeda y fría del pasamanos, sólo y en silencio le llegan a la memoria algunos recuerdos de los últimos meses.

De su bolsillo extrae un pequeño papel doblado y bastante arrugado. Es una pequeña carta, aún sin terminar, que comenzó a escribir pasados los duros e inolvidables meses de aislamiento.

...

“Han pasado poco más de cien interminables días, tres meses de confinamiento, un estado de alarma y, en este momento, nos encontramos inmersos en lo que los técnicos sanitarios y demás personas instruidas han denominado “estado de nueva normalidad”.
Parece ser que hemos superado esta terrible pandemia del COVID-19, o eso es lo que nos están haciendo creer, aunque seguimos expectantes a las incesantes y desiguales noticias que se suceden cada día.
Continuamos sin saber exactamente cómo y con qué virulencia ataca este virus y quien es factor de riesgo.
El escenario en las calles de todas las ciudades ha cambiado y desde hace un tiempo las mascarillas, guantes, procedimientos de desinfección, controles de temperatura, limitaciones de aforo y distanciamiento social, se han convertido en una situación normalizada provocada por la peligrosidad de este virus que se contrae tan rápida y fácilmente entre la sociedad.
La ansiedad, el estrés, la depresión, el miedo y tantos otros trastornos han dejado una sociedad maltrecha económicamente, con graves problemas de precariedad laboral y un ambiente social extremadamente enrarecido e irascible.
Una situación muy difícil de sobrellevar mientras arrastramos cada día las duras secuelas que ha ido dejando en muchas personas esta situación.
Se temen los rebrotes, los nuevos contagios, los colapsos hospitalarios, el aumento en la cifra de fallecidos y la posibilidad de que se vuelva a establecer un nuevo estado de alarma y un posterior confinamiento.
A la espera de la deseada vacuna, los gobiernos lanzan ideas y propuestas, muchas de ellas carentes de sentido común, sin lograr conocer el potencial de este pequeño e invisible enemigo que tantas muertes ha causado y sigue causando por todo el planeta.

La desconfianza de un futuro próspero es demasiado evidente y ahora, más que nunca, hay que valorar y aprovechar el presente más inmediato.”

Una vez más, dobla y guarda la incompleta carta en su bolsillo, mientras el sol impregna de luz el mirador y las enormes montañas lucen todo el esplendor posible.

Hoy siente que todo es diferente y que está donde deseaba estar, en libertad, en paz y en armonía consigo mismo.

Hoy toca cumplir su sueño y en su mente está que lo va a conseguir. 

Será una nueva ascensión a la cima de la montaña más enigmática y simbólica que conoce. 

El Pico Veleta con sus más de 3000 metros de altitud es su emblema de libertad como era para El Mochuelo su Pico Rando.

Hoy, aunque todavía inmerso en una situación muy convulsa y preocupante, aprovechará para ser feliz y sobre todo sentirse libre.

Después de todo es su deseo.





Datos EXIF (XT-30 - 100 ISO f/7.1 - 1/800 sg)

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