"Ese instante en el que la vida se detiene de repente para que yo la capture con mi máquina"

La fotografía es ADMIRAR LO COTIDIANO

La fotografía es PLASMAR HISTORIA

La fotografía es captar el MOMENTO ADECUADO

La fotografía es ARTE, PASION Y SENTIMIENTO

La fotografía es DELICADEZA Y SENSIBILIDAD

La fotografia es PACIENCIA Y ARMONIA

La fotografía es SABER ESPERAR

Páginas

Tras mi foto, ¿Por qué?

TRAS MI FOTO es el motivo que me ha llevado a compartir con el mundo algunas de las aficiones que más llenan mi vida y que ocupan gran parte de mi tiempo libre.
La fotografía y la escritura me proporcionan la libertad que necesito. Con ellas expreso mis sentimientos, mis vivencias y mis inquietudes.
TRAS MI FOTO es un baúl, el cual iré compartiendo y llenando, poco a poco, paso a paso y foto a foto.
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viernes, 23 de agosto de 2019


Romper con un pasado.




La vida a veces nos acompaña como un pesado lastre que llevamos cargado sobre nuestras espaldas y, llegamos a acostumbrarnos de tal manera a ello, que no somos capaces de darnos cuenta del esfuerzo que soportamos ni del deterioro que nos provoca.

La vida a veces nos pone a prueba y dificulta la toma de decisiones por miedo.

Miedo al qué dirán, miedo al que pasará a partir de ahora, miedo a hacer o hacernos daño, miedo a salir de nuestro frecuentemente llamado “espacio de confort”.

¡¡Miedo!!, miedo!!, miedo!!… y dejamos que pase el tiempo sin hacer nada por miedo.

Pero, la vida a veces nos da la oportunidad de romper con lo establecido y nos abre, de par en par, sus puertas para darnos la opción de elegir otros caminos.

Tras más de medio siglo de vida he podido comprobar que, la vida a veces es como la felicidad, esa sensación que, de vez en cuando, tenemos a lo largo de nuestra existencia y nos alimenta y da sentido a nuestra vida.

La vida es para ser feliz, para disfrutar de todo lo que nos ofrece y de lo que nos hemos ganado con esfuerzo y trabajo.

La vida a veces es sólo un momento, o un conjunto de pequeños momentos. 

“La vida es para usarla”, me dijo mi amigo Fulgencio y que razón tiene.

Ricardo López Rubio.
Datos EXIF : D750 - ISO 100 - 50 mm - f/5.6 - 1/640

martes, 16 de abril de 2019


Una última mirada


La vida no dejará jamás de sorprenderme, aunque en algunas ocasiones, los hechos no sucedan como deseara.

Hoy, el corazón de mi amigo Blas dejó de latir, pero depuso su palpitar tan sólo en su maltrecho cuerpo, para extender su rocoso y cadencioso movimiento en el corazón de todos los que, de una u otra forma, lo hemos conocido y sabido de su historia.

Su leyenda va a estar siempre ligada a mi vida. Estuve junto a él momentos antes de su inesperado y dramático destino, lo que hizo darme cuenta de lo efímero de cada situación.

Mis últimos momentos con él fueron en el interior del templo, mientras preparaba su zona de la tarima bajo el Trono de la Oración en el Huerto, antes del comienzo de su procesión.

Con mimo y delicadeza ataba su curtida almohadilla de color corinto a los fuertes enganches del viejo estrado de madera.

Concentrado en su quehacer, y con los nervios propios del momento que cualquier nazareno tiene antes del ansiado desfile procesional, iba dando forma, lazada a lazada a su inseparable albarda, mientras los ecos de los leves chasquidos de la madera amenizaban el solitario templo con su característica sonoridad.

Junto a él, su inseparable estante de madera, rocoso y poderoso como él, reposando sobre la tarima y protegido por el capuz que lucirá sobre su cabeza durante toda la Procesión.

Va colocando en orden su enorme ”sená”, repleta de caramelos, de huevos y de esponjosas monas que, como cualquier buen nazareno de nuestra tierra, tiene a bien entregar a todo el que disfruta viendo la procesión discurrir por las viejas calles de la ciudad.

Se ajusta con elegancia el nudo de la corbata, se ciñe el cíngulo a su cintura, se estira las medias de repizco, puntea contra el suelo las esparteñas de carretero, acaricia las perlas del rosario, se ajusta la chaqueta y se va colocando con sutil serenidad el capuz sobre su cabeza. 

Por las puertas laterales del templo van entrando, poco a poco, más nazarenos ocupando su zona bajo una tarima o bajo una vara, mientras repiten semejante ritual que él.

Se va acercando la hora. Algunos rayos de luz adentran por los pequeños resquicios de la madera de la puerta principal impregnándolo todo de luz.

El templo va murmullando cada vez más y nos continúa deleitando con el suave perfume de toda clase de flores que embellecen el resto de los Tronos.

Al mismo tiempo, una misteriosa bruma envuelve, como un halo, todo nuestro entorno generando una atmósfera diferente.

Ya queda poco para el comienzo y el ambiente por las calles de la ciudad ya susurra arte, pasión y tradición, mientras Blas da el último apretón a las lazadas de su experimentada y “corinta” almohadilla. 

Ahora sí. Ya tiene asegurado su gran apoyo. Todo está preparado. Su vista se gira hacia el Cristo, hacia su Cristo, mientras reza en silencio y apoyado en su rocoso estante, suplicando que todo salga bien.

Una mirada entre él y yo, mientras fotografío, por última vez, su solitaria albarda perfectamente amarrada sobre la vieja viga de madera del viejo y dorado Trono.

“Todo está ya preparado”, pareció decirme con sus ojos.

Esa fue su última mirada, su último gesto. Esa fue la última vez que lo vi con vida.

Cayó súbitamente al suelo, sin que pudiera hacer nada por él, y siempre a su lado el rocoso y poderoso estante.

Bruscamente cambió el guion de los acontecimientos, y a partir de ese momento, iba a ser todo muy diferente.

No sé si fue su fe, o su devoción, o su pasión, o tal vez las tres motivaciones al mismo tiempo, las que han tenido a bien trasladar a Blas a otro lugar mejor.

Su última mirada, la que nos cruzamos aquella tarde en el interior del templo, será siempre para mí muy alargada. 

Lo que está claro es que los acontecimientos pudieron haber ocurrido de cualquier otra manera, sin embargo, sucedieron así.

D.E.P. Blas

Ricardo López Rubio.
Datos EXIF : D750 - ISO 100 - F/7.1 - 1/100 sg.


lunes, 11 de febrero de 2019


Una mirada penetrante




En aquella mañana primaveral su penetrante mirada coincidió con la mía.

Sus preciosos ojos azules, semi ocultos, me apresaron.

Sentí por unos instantes que pretendían decirme algo.

Fueron unos efímeros segundos delante de mi objetivo.

El tiempo suficiente para retener ese momento y esa mirada. 

Se marchó lentamente, sin dejar de mirarme.

Jamás sabré quien fue quien me miró con aquella inolvidable y penetrante mirada.

Datos EXIF : D750 - ISO 100 - 200mm - f/7.1 - 1/200 sg.

martes, 21 de agosto de 2018

La vida a veces



La vida a veces sorprende con situaciones y personas capaces de hacer sentir de forma diferente.

Personas que hacen valorar y recapacitar sobre algunos aspectos olvidados de la vida e incluso otros donde no llegaba a imaginar.

Me encontraba haciendo unas fotos a mi mascota cuando un hombre se acercó a mí mostrando interés por lo que estaba realizando. Mantuvimos una larga conversación y me contó varios aspectos de su vida pero sobretodo me conmovió una historia muy emocionante.

Ese día no sería uno cualquiera aunque nada le hacía prever, en aquella destemplada mañana de primavera de mil novecientos ochenta, que los sucesos ocurridos le acompañarían en la memoria para el resto de su vida.

Tras abrir aquella pesada puerta y abrazado siempre a él, entró al lugar donde su corazón no deseaba acudir aunque su mente le exponía una y otra vez lo contrario.

Es una pequeña sala, limpia, diáfana, de paredes blancas, adecuadamente iluminada y decorada con grandes fotografías de sugerentes paisajes y llamativos colores.

Está rodeada con cómodos asientos de color azul cielo y en el centro hay una pequeña mesa de cristal y, sobre ella, algunas revistas desordenadas y antiguas.

Resguardando el interior hay una gruesa cortina de tela blanca en la que, a través de ella, se ve la imprecisa silueta de la gente transitar de un lado para otro ajena completamente a todo lo que sucede tras esa pesada puerta.

Con la mirada fija, sin parpadear y perdido en ese cercano y ajetreado horizonte, analiza el indefectible sentido de la vida, con su continuo e incesante ir y venir, a pesar de los obstáculos y dificultades de cada día.

Lentamente trascurre el tiempo y el silencio se van apoderando de ese reducido espacio. 

Tan sólo escucha el sutil golpeo de las delicadas y fatigadas manecillas del viejo reloj que aún conserva consigo mientras el tiempo avanza inescrutablemente al instante que está por llegar.

Aprovecha esos íntimos y últimos momentos de silencio y soledad para conversar con él, mientras recuerda algunos de los muchos pasajes vividos de los postreros años. 

El primer día en casa, las interminables confesiones, los juegos, los silencios, los paseos, las fiestas, los viajes…

El murmullo de algunas personas en una sala contigua, cuyas voces reconoce, rompe el profundo silencio acelerando la sensación del paso del tiempo.

Siente como se acerca el momento mientras lo rodea firmemente entre sus brazos sintiendo su calor, su olor y escuchando el cadencioso ritmo de sus últimos latidos.

Una pequeña puerta se abre lentamente, sin pretender hacer ruido y no sobresaltar el profundo e íntimo silencio del momento. Es la hora. 

Atraviesan un pasillo, fuertemente abrazado a él, al mismo tiempo que sus acelerados latidos se entremezclan creando la sensación de un solo cuerpo y una única alma.

Se miran fijamente en un último intento de evitar lo inevitable pero la mente continúa imponiendo su riguroso razonamiento de este momento.

Ahora siente sus latidos más pausados, más espaciados unos de otros.

Lo mira con profundo abatimiento mientras lo acaricia suavemente por todo el cuerpo. 

Pasan unos minutos y sus ojos se van cerrando lánguidamente al mismo tiempo que sus latidos son más tímidos, más débiles y más distantes.

Es el momento del adiós y una extraña sensación de paz y de connivencia les envuelve a ambos mientras su débil corazón, casi sin darse cuenta, deja de latir definitivamente.

Todo ha ido bien. Descansa amigo mío. Ya ha terminado todo.

Y lloró al fin.
Ricardo López Rubio.
(Datos EXIF - D7100 -ISO 500 - f/2.8 - 1/1000 sg)


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