"Ese instante en el que la vida se detiene de repente para que yo la capture con mi máquina"

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Tras mi foto, ¿Por qué?

TRAS MI FOTO es el motivo que me ha llevado a compartir con el mundo algunas de las aficiones que más llenan mi vida y que ocupan gran parte de mi tiempo libre.
La fotografía y la escritura me proporcionan la libertad que necesito. Con ellas expreso mis sentimientos, mis vivencias y mis inquietudes.
TRAS MI FOTO es un baúl, el cual iré compartiendo y llenando, poco a poco, paso a paso y foto a foto.
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domingo, 26 de abril de 2020


La pandemia



Recuerdo esa mañana del pasado mes Marzo del año 2020. Era domingo y en ese instante comenzaba el estado de alerta decretado por el gobierno de España.

Un estado de alerta necesaria, obligado por la situación, que llegó a ponerse en marcha demasiado tarde, y cuyo tiempo ha sido crucial en el devenir de esta situación.

Aquella mañana escuchaba incrédulo la noticia desconociendo lo que, a partir de ese momento, iba a suceder en nuestras vidas.

Todos los ciudadanos debían ser confinados en sus domicilios para, de esta manera, intentar contener el ataque del virus COVID-19 que, poco a poco, avanzaba por todo el mundo provocando la tan terrible pandemia.

Las noticias se suceden continuamente. Televisión, radio, periódicos, redes sociales van aportando datos cada vez más cruentos y alarmistas.

Los números de afectados y fallecidos van creciendo conforme pasan las horas. Se toman decisiones según van sucediéndose los acontecimientos y la incertidumbre, de lo que aún está por llegar, convierte a todo el país en un sinfín de dudas y preguntas.

A partir de este momento, la pandemia se convierte en la única noticia del día con la grave repercusión de la mortal expansión que trae consigo.

La evolución de la epidemia es dimensionada a todos los niveles posibles y no hay sector social, profesional o económico que se libre de ella.

Vemos continuamente imágenes terribles de la realidad en los hospitales y centros sanitarios de toda España, colapsada por los miles y miles de afectados por este desconocido virus que van ingresando en los distintos centros del país.

Médicos y sanitarios se emplean a fondo para intentar controlar lo que les viene encima, pero sin los materiales necesarios, no se llegan a conseguir los resultados deseados.

Las urgencias colapsadas son la punta de un iceberg del gran problema que azota al servicio sanitario y a todo un país en el que todos, sin excepción, dependemos de ellos.

Se instalan hospitales de campaña, se acondicionan multitud de instalaciones de toda índole para albergar a los miles de afectados.

Dependencias diversas hacen las veces de morgues mientras se van enterrando, en la mas absoluta soledad, a los fallecidos por el COVID-19.

Nuestros mayores son los más sensibles y frágiles a esta nueva enfermedad, y los que viven en las residencias son los mas perjudicados con decenas y decenas de fallecidos.

El virus se apodera de todo y de todos mientras el gobierno y los técnicos en la materia, van tomando decisiones en caliente con la idea de solventar parte de esos problemas en el menor tiempo posible.

Desbordado y carente de un líder sólido que dirija con seguridad los destinos de un país, nos aconsejan tener calma, pero los muertos, afectados e ingresados no dejan de sucederse y las terribles cifras que nos van dando continuamente alertan aún más a toda la sociedad.

Los testimonios de las personas directamente afectadas van dando forma a una situación que se ha ido de las manos y las dudas se van amontonando en la mente de todos y cada uno de nosotros.

Las comparecencias de los responsables en los medios de comunicación, nos dejan cifras impresionantes y todos los sectores sociales y económicos empiezan a tomar medidas drásticas.

Cierre de centros educativos, empresas no esenciales, instalaciones comerciales, deportivas, suspensión de todos los actos festivos, sociales, deportivos y culturales, etc., sumen al país en un estado de letargo jamás visto por nuestra generación.

Se amontonan los ERTE en las dependencias estatales y mientras éstos se tramitan, las familias afectadas tienen que reinventarse para poder sobrellevar, como medianamente puedan, esta nueva situación.

El cierre de pequeños comercios, los llamados no esenciales, se ven abocados a un cierre definitivo obligados por la decisión del gobierno.

Salen a la luz, con mucha fuerza, la importancia de muchos sectores económicos que, hasta la fecha, no habían sido considerados.

El personal de limpieza, transportistas, agricultores, ganaderos, reponedores, tenderos, cuerpos de seguridad…. se han convertido en las verdaderas salvaguardas de toda la sociedad, manteniendo unos servicios esenciales necesarios para vivir y seguir manteniendo el país.

El decorado de las ciudades cambia por completo. Calles y avenidas completamente vacías, nos hacen ver que nada es como antes.

Las familias y amigos se ven obligados a estar separados y no nos queda otra que echar mano de las nuevas tecnologías para poder mantener una relación con todos ellos.

Proliferan las video-llamadas como único remedio para estar más cerca de ellos y, hasta nuestros mayores, se adaptan a los nuevos tiempos para mantener la cercanía emocional.

Se establecen pautas para poder salir a las desiertas calles, pero aún así el escenario es desolador.

El distanciamiento interpersonal es esperpéntico y a la misma vez necesario, pero lo que hasta hace unos días era normal, ahora es tildado de extraordinario y difícilmente repetible.

Cruzarte por la calle con alguien estimula la repelencia y no es extraño ver como se separan unos de otros evitándose o incluso cambiándose de acera.

El retrato de la gran mayoría de las personas es el mismo, cubierto por diferentes formas y tipos de mascarillas faciales para sentirse protegidos del invisible y mortal virus que azota al mundo.

Transportes públicos prácticamente vacíos también dan fe de que gran parte de la sociedad está siguiendo las normas impuestas por el gobierno con el mejor de los propósitos.

Se impone el teletrabajo en muchos hogares y, al mismo tiempo, aumenta exponencialmente el servicio a domicilio de muchos comercios evitando, de esta forma, el contacto interpersonal a la hora de adquirir productos de primera necesidad donde está permitido el abastecimiento.

En algunas zonas de las ciudades se ven largas colas de personas esperando a las puertas de los comercios esenciales y separados, unos de otros, por los dos metros aconsejables según las autoridades sanitarias.

Un escenario, a todas luces, diferente a todos los imaginables haces unos días y que, por desgracia, se va a prolongar en el tiempo hasta que la deseada y definitiva vacuna sea la encargada de abolir esta terrible pandemia.

Hoy, tras más de 43 días de confinamiento se han abierto algunos sectores económicos y se ha permitido que los mas pequeños de la casa puedan salir un poco a la calle para poder jugar, aunque sea en soledad, o tomar sencillamente un poco el sol tan necesario para la salud.

Si no sucede nada extraño parece que nos encontramos en el estadio final de este confinamiento y que pronto podremos estar en un estado de semi libertad, pero con condiciones.

Ya las cosas no volverán a ser como antes y desde ahora las normas sanitarias y de seguridad prevalecerán por encima de otras muchas y nos tendremos que acostumbrar a ello.

El uso de mascarillas y guantes modificará nuestro día a día, así como los gestos de acercamiento interpersonal serán menos elocuentes.

Todo un trabajo por hacer y unas nuevas formas de actuar a las que tendremos que acostumbrarnos por nuestro bien y por el bien de toda la humanidad.

Ya sólo queda que la educación, el sentido común y el buen hacer de las personas impere en todo momento para que, quizás algún día, se vuelva a la tan deseada normalidad.

Los barrotes de la celda, en la que nos encontramos todos encerrados, sólo los podemos romper si somos capaces de cumplir fielmente con todas y cada una de las normas de convivencia.

En nosotros queda toda la responsabilidad.

En nosotros está superar esta crisis.

En nosotros está salvar nuestra sociedad.

Empecemos ya y no perdamos ni un solo día más!!!

Fdo. Ricardo López Rubio

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